DERRETIR EL HIELO

por Ayne Greensleeves

-Bueno... -suspiró Jessie, estirando los brazos-. Después de un día de duro trabajo, nada me apetece más que darme una buena ducha y meterme en la cama...

Anochecía en Pueblo Pardo, y el día no se había dado mal del todo. Aunque no habían conseguido capturar ningún Pokémon, el habitual despegue no había sido demasiado duro, y el Team Rocket había conseguido habitación en el Centro Pokémon, que estaba bastante vacío ese día. Era hora de relajarse y descansar.

Jessie cruzó el pasillo con una toalla y su bolsa de aseo. La puerta del baño se cerró. Al poco rato, la chica volvió a aparecer con cara de fastidio.

-¡Vaya! ¡Menuda faena! No me acordaba de que el otro día se me acabó el champú, y no he tenido tiempo de comprar más...

-Si quieres puedes usar el mío, Jessie -ofreció James.

-¿Sí? ¿No te importa?

-Claro que no. Usa todo el que necesites -dijo el chico, mientras le tendía una botella de plástico color verde.

-Estaré con vosotros enseguida -declaró ella, retirándose de nuevo.

Se sintió mucho mejor al contacto del agua caliente. El champú era fresco y olía a menta, su olor le recordaba al color de los ojos de James. No pudo dejar de sonreír al pensar en su compañero, usando ese mismo champú para lavar su graciosa melena azul.

Decidió darse prisa para volver a reunirse con el resto del equipo.

***

James y Meowth esperaban a la chica en el salón del Centro Pokémon. No había nadie esa noche, Pueblo Pardo era un sitio pequeño y poco concurrido por los entrenadores Pokémon. Meowth sacaba brillo a su amuleto dorado. James simplemente miraba en dirección al pasillo, mientras daba vueltas distraídamente a una rosa en la mano. La enfermera del Centro se había ausentado por unos momentos para atender una urgencia.

De pronto se oyó la voz de Jessie.

-¡AAAAAAAAAWH!

El grito inconfundible de su compañera hizo que James y Meowth se levantaran a un tiempo del sofá. ¡Algo le pasaba a Jessie! Ambos recorrieron el pasillo en un tiempo record e irrumpieron en el baño con tal ímpetu, que James tropezó con la puerta y fue a caer encima de Jessie.

Ésta había salido de la ducha y cubría su piel mojada con una minúscula toalla rosa. Los dos se quedaron parados por un instante. Después, Jessie pegó un empujón a James, obligándole a quitarse de encima.

-¿¿¿Cómo se os ocurre entrar así, sin llamar ni nada???

-¡Pero Jessie...! -replicó James, sonrojándose al darse cuenta de que tenía razón-. Te hemos oído gritar...

-Meowth, y pensamos que podías estar en peligro.

-¿Qué ha pasado? -preguntó el chico, preocupado.

-Pues... -contestó ella, con expresión de fastidio-, ¡que el agua salía helada!

James y Meowth se cayeron al suelo.

-¡Jessie! -exclamó el gato-, ¿para eso nos das ese susto? ¡Qué exagerada!

-Se habrá apagado el calentador, eso es todo -añadió el chico.

-¿El calentador? -replicó Jessie enfadada-. ¡Que no os enteráis! ¡Mirad eso!

Señaló a su alrededor. James y Meowth se fijaron mejor... y lo que vieron les dejó boquiabiertos. Gran parte del baño, el suelo, las paredes, el grifo... estaba cubierto de escarcha.

-¿Eeeeeh? ¡Pero si estamos en verano! -exclamó James-. ¡Sí que debía salir fría el agua!

-¿Comprendes ahora por qué he gritado? ¡Casi me congelo! -dijo ella.

-Si quieres, voy a ver si se ha apagado el calentador -se ofreció él.

-¡Idiota! -gritó Jessie-. ¡Es obvio que no se trata del calentador! Tiene que haber pasado algo para que el agua salga así de fría, y vamos a averiguar qué es.

-Ah... eh... está bien. Si tú lo dices...

El interior de la estancia estaba helado. James pudo advertir que su compañera temblaba de frío. Era lógico, puesto que sólo llevaba puesta esa toalla, que dejaba ver gran parte de su impresionante figura.

Y se dio cuenta de que, cuando la miraba, dejaba de notar el frío.

Meowth estornudó sonoramente.

***

Un rato más tarde, Jessie ya estaba vestida con su uniforme del Team Rocket y lista para la exploración. Meowth no les acompañaba: había cogido un repentino resfriado. Los jóvenes abrieron una trampilla situada en la parte trasera del edificio del Centro Pokémon. Conducía al sistema de cañerías del agua. James sostuvo en alto su linterna, iluminando el lóbrego lugar.

-¡Hace un frío de mil demonios! -comentó Jessie con voz temblorosa.

-¡Y que lo digas! -contestó el chico-. Sin duda el origen del hielo debe estar por aquí.

Echaron a andar entre las tuberías y recodos. Cada vez hacía más y más frío, y ellos cada vez caminaban más y más juntos. La escarcha cubría buena parte de las cañerías, suelos y techos del subterráneo. El vapor de su aliento era visible en el aire.

-¿Ha-hace f-frío o me lo parece a mí?

-C-c-creo que me estoy congelando...

Los compañeros caminaban ahora hombro con hombro, muy pegados para darse calor. Las paredes eran ahora puro hielo. Doblaron una esquina...

Y entonces lo vieron.

Un gigantesco y extraño lagarto, de escamas azules y plateadas y con una larguísima cola, reptaba entre las cañerías, congelando todo lo que tocaba. Bloques de hielo cubrían tubos y paredes. El aliento del reptil provocaba ráfagas de viento frío que recorrían el lugar.

Cuando los enormes ojos azul pálido del lagarto se posaron sobre ellos, se abrazaron de miedo.

-¿Q-qué es eso? -preguntó James con una expresión de terror en la cara.

-N-n-nunca había visto ese P-Pokémon -murmuró Jessie, agarrándose más fuerte a su compañero.

-Y-y-yo tampoco...

-¿Qué crees que e-es? No hay duda de que se trata de un P-Pokémon d-de hielo...

-Me p-p-pregunto cómo ha llegado hasta a-aquí -tartamudeó James.

El Pokémon abrió las fauces. Una bocanada de viento helado y escarcha lanzó a los miembros del Team Rocket por los aires, yendo a aterrizar a unos metros de allí.

-E-e-esto debe ser lo que está causando p-problemas -dedujo Jessie.

-¡Jessie! T-t-tengo miedo... -se quejó James.

-¡Yo también! -confesó ella, y se abrazaron de nuevo mientras el lagarto venía hacia ellos. Pero entonces la chica reaccionó, y poniéndose de pie, declaró:

-¡No podemos dejarnos dominar por el miedo! ¡Tal vez podamos hacer que nuestros Pokémon luchen contra él! ¡Adelante, Arbok!

-¡Jessie! ¡Que nos quedamos sin Pokémon! ¿Tú has visto el tamaño de esa cosa?

-¡Calla y lucha! -replicó ella, dando una patada al chico para espabilarlo-. ¡Arbok, ataque deslumbrar!

-¡Weezing, gas tóxico! -añadió James, obedeciendo finalmente.

Pero los ataques de sus Pokémon ern inútiles contra el enorme reptil. Un golpe de su cola bastó para dejarlos fuera de combate.

-¡Maldición! -dijo Jessie-. Habrá que pensar en otra cosa. ¿Qué puede debilitar a un bicho como éste?

-¿El calor? -sugirió James-. Tal vez, si consiguiéramos derretir todo este hielo...

-¿Cómo vamos a hacer algo así? -suspiró su compañera-. ¿Has visto todo el que hay?

Empezaron a pensar.

-Derretir el hielo... derretir el hielo... hmmm...

-Si tuviéramos algún Pokémon de fuego...

-Hmmm...

Ambos empezaron a repasar mentalmente las cosas cálidas que podían recordar. Y también, sin darse cuenta, vinieron a su memoria las cosas que les hacían sentir derretirse.

"Bueno -pensó James-... hace un rato, en el baño... cuando he visto a Jessie ahí, con esa toalla, temblando, tan indefensa... toda la habitación estaba cubierta de escarcha, pero yo he dejado de sentir todo el frío en ese momento. Cuando me he caído sobre ella... tengo que confesármelo, me ha encantado sentir su piel húmeda, las gotas de agua traspasando mi ropa. Sólo ha sido un momento, pero pensé que me iba a derretir..."

"Es cierto, hay cosas que me hacen derretir -pensaba Jessie-, pero no creo que sirvan para esto... por ejemplo... y aunque no me guste reconocerlo, los ojos de James -sonrió para sus adentros-. Tiene una mirada tan verde, tan dulce, tan profunda... ¡tan sincera! Y su cara... ay, y antes en el baño, cuando ha caído encima de mí... yo tenía tanto frío, y he sentido una ola de calor recorriendo todo mi cuerpo... ¡a punto estuve de sonrojarme!"

"Creo que ya sé lo que me haría derretirme de verdad -los pensamientos de James continuaban a toda velocidad. Ahora era incapaz de pensar en otra cosa-. Un beso. Un beso de Jessie. Eso me quitaría todo el frío de golpe. Hay momentos en los que me tengo que contener para no besarla".

"Él podría hacerme derretir entera -los pensamientos de Jessie se aceleraban-. Con un beso. Apuesto a que sus labios son tan dulces como su mirada. Me encantaría averiguarlo algún día..."

"Me cuesta admitirlo -pensó él-, pero creo que me gusta. Me gusta de verdad. Aunque a veces se muestre tan fría, cuando pienso en ella, una sensación cálida me recorre de arriba a abajo..."

"Odio admitirlo -pensó ella-, pero el caso es que me gusta, me gusta realmente. Me hace sentir algo que no había sentido antes, un calor dulce que me atraviesa..."

Ambos se miraron un momento, preguntándose qué estaría pensando el otro.

-¿Alguna idea? -preguntó James.

-Nada que nos sirva -contestó Jessie con un suspiro-. ¿Y tú?

-Tampoco.

Y miraron al frente de nuevo.

Finalmente, Jessie se levantó del rincón donde estaban agazapados.

¡Ya basta! No podemos quedarnos aquí toda la noche helándonos de frío. ¡Algo habrá que hacer!

-¿Pero qué? -replicó su compañero-. Nuestros Pokémon no han sido capaces de hacer nada, y poco más podemos hacer nosotros...

-¡Pues yo me largo! Quizá podamos despistar a ese bicho y salir por donde hemos venido sin que nos vea...

Comenzó a deslizarse entre las tuberías, tratando de no hacer ruido... pero el gigantesco lagarto parecía poder detectar sus movimientos, y pronto sus ojos soñolientos se posaron sobre ella. En ese instante, Jessie sacó un pokéball vacío que siempre llevaba encima por si se le presentaba la oportunidad de capturar algún Pokémon raro.

-Esto no bastará para capturarlo, pero puede que lo distraiga un rato -declaró la chica, arrojando la bola blanca y roja contra las escamas plateadas de la criatura.

Esperaba que el pokéball pudiera absorber y contener al lagarto en su interior al menos durante algunos segundos, pero no fue así. La bola chocó y se estrelló con gran estrépito contra las tuberías y las masas de hielo, provocando una pequeña lluvia de cristales. El Pokémon levantó la cabeza molesto, y abrió la boca.

-¡Jessie! ¡Cuidado! -advirtió James, al ver que su compañera trataba de huir corriendo y tomar el túnel de regreso al Centro Pokémon-. ¡No te pongas en peligro!

-¡Vamos, corre! -replicó ella, pero no pudo ir muy lejos. Una bocanada de aliento helado paralizó todos sus miembros y la hizo estrellarse contra la fría pared.

-¡Jessie! -gritó James, corriendo junto a ella. Su voz resonó en el corredor.

La chica no se movía. James advirtió que todo su cuerpo estaba cubierto de escarcha.

-¡Jessie! ¿Estás bien? ¡Dime algo!

La rodeó con los brazos y la zarandeó un poco, tratando de reanimarla. ¡Estaba helada!

El chico trató de pensar rápidamente. Tenía que hacer algo. ¡Jessie podía estar a punto de morir congelada! Y él no sabía muy bien qué había que hacer en esos casos...

"¡Ojalá hubiera prestado más atención en aquel cursillo de primeros auxilios!" pensó. El lagarto ya no se preocupaba por ellos, y James aprovechó esto para arrastrar a su compañera con él a un lugar apartado.

-¿Y ahora qué hago...? -suspiró.

No podía perder tiempo lamentándose. Hizo un serio esfuerzo por pensar.

"Derretir el hielo... derretir el hielo..."

Los pensamientos de antes volvieron a su memoria. El baño cubierto de escarcha... Jessie, con su toalla rosa, temblando de frío... Sensación de calor. ¡Ya estaba!

Rodeó el cuerpo de su amiga con los brazos y se recostó junto a ella, apretándola contra sí tan fuerte como pudo, tratando de darle calor. Apoyó su mejilla en la de ella y suspiró:

-Espero que esto funcione...

El solo pensamiento de llegar a perderla, allí, en aquel húmedo subterráneo, le llenaba de pavor. Estrechó su cintura aún con más fuerza.

-Resiste, Jessie...

***

Meowth empezaba a preocuparse. Sus compañeros llevaban ya mucho tiempo fuera. Empezaba a considerar el ir a buscarles. La enfermera Joy acababa de llegar.

Su grito resonó en el Centro Pokémon cuando vio todo el baño y parte del pasillo lleno de hielo.

-¡¿¿Qué ha pasado aquí??!

***

Al cabo de un buen rato, Jessie abrió los ojos. Unos suaves mechones de pelo color lavanda le rozaban la mejilla y el cuello, provocándole un leve cosquilleo. Sintió un fresco y agradable olor a menta.

¿Qué había pasado? Recordaba al gran lagarto de hielo... haber tratado de escapar... y frío, mucho frío... impotencia... nada más. Pero ahora se encontraba bien... Vio la cara de su compañero James muy cerca de la suya. Tenía los ojos cerrados y parecía dormir, excepto por una dulce expresión de concentración. Poco después advirtió que sus cuerpos estaban entrelazados, y que él la rodeaba con sus brazos, estrechándola contra sí. Ella sonrió. Sí, seguramente eso era lo que le había hecho sentir mejor...

Los ojos verde esmeralda del chico se abrieron para mirarla dulcemente.

-Así que estás despierta -sonrió-. ¿Estás bien?

-Sí... -contestó ella-, más o menos.

-Menos mal -suspiró él, aliviado-. Tenías un aspecto horrible...

-¿Horrible? -gruñó ella, mirándole de reojo con la típica vena en la frente.

-¿Eh? Aaaah... no, no quería decir eso... es que... estabas tan fría, tan pálida... ¡me has tenido muy preocupado!

-¿Preocupado tú? -sonrió Jessie dábilmente-. ¿Por mí?

-Sí, por tí.

-¿Y por eso estás abrazado a mí?

-Ah... -en este punto, James se sonrojó levemente-. Era para darte calor. ¿Estás mejor ahora? ¿Ya no tienes frío?

-Bueno, se está muy bien aquí, entre tus brazos... -admitió ella-. Mi cuerpo ha recuperado la temperatura...

-Bien...

-Pero... mi corazón aún tiene frío -dijo la joven, mirándole directamente a los ojos.

James se sintió desconcertado. ¿Qué podía hacer él? Había hecho todo lo posible por dar calor a su compañera, había puesto toda el alma en ello. Pero esa declaración le hacía sentir impotente. La contempló por un momento, con una dulce mirada interrogativa. Ella le abrazó.

-Y... ¿hay algo que yo pueda hacer para que te sientas mejor? -preguntó el chico, con voz preocupada y sincera.

-Sí -repuso Jessie-. James, tú eres el único que puede derretir el hielo de mi corazón.

Y con estas palabras, acercó sus labios a los de él. Jessie y James se besaron lenta y cálidamente, el uno en brazos del otro, reconfortándose.

***

-¡Jessie! ¡James! -llamó una voz familiar.

Los dos jóvenes se levantaron y miraron hacia el corredor. La luz de una linterna iluminó la conocida figura de un Pokémon felino que andaba sobre dos patas.

-¡Meowth!

-¿Estáis bien? -dijo una voz femenina desde el corredor. La persona que caminaba tras el gato con una linterna en la mano se dejó ver. Era la enfermera Joy.

Jessie y James miraron entonces al enorme lagarto que reptaba por las tuberías. El hielo que lo rodeaba parecía estarse derritiendo. Las escamas plateadas ya no brillaban, y la criatura parecía debilitada.

-¡Meowth, ¿qué bicho es ese?! -exclamó el Pokémon felino.

-Eso es lo que estaba causando problemas con el agua -explicó James-. ¡Pero ahora el hielo está derritiéndose! ¿Cómo es posible?

-¡Nunca había visto ese Pokémon! -dijo la enfermera Joy-. Pero puedo ver claramente que está debilitado. ¡Voy a atraparlo! -declaró firmemente.

La joven de coletas rosa lanzó el pokéball contra el lagarto del frío, que quedó atrapado en su interior.

-No sé cómo lo habéis hecho -dijo Meowth-, pero parece que habéis conseguido derretir el hielo.

Jessie y James se miraron... y se sonrojaron con una gran sonrisa.

***

La mañana era clara y agradable cuando el Team Rocket dejó el Centro Pokémon, tras despedirse de Joy y su Chansey, y los tres compañeros echaron a andar.

-¿Qué tal te dejó el pelo ese champú? -preguntó James distraídamente.

-Oh, es estupendo -contestó Jessie-. Me encanta cómo huele. Me recuerda a tí.

-Sí, es que yo soy un chico muy fresco y suave -dijo él, echándose a reír.

-¡Meowth! -gruñó su compañero Pokémon-, ¿es que no pensáis contarme qué pasó en el subterráneo? ¿Y cómo conseguisteis debilitar al bicho?

Jessie y James se miraron un momento, con una sonrisa de complicidad. Después, miraron a Meowth.

-No -contestaron al fin.

Y echaron a andar.

FIN

 

Notas de la autora:

Esta historia ha sido creada y escrita por Ayne Greensleeves, apoyándome en las ideas y sugerencias de Álvaro "Lobezno" Abad. Esta historia no habría sido posible sin su ayuda, su sentido arácnido y su diseño del lagarto de hielo. ¡Gracias, Álvaro!

Todos los personajes son propiedad de Nintendo, excepto el Pokémon lagarto de hielo, que es creación de Álvaro Abad y Ayne Greensleeves. Esta historia ha sido escrita sólo por diversión y sin ánimo de lucro.

Y lo del champú no es cachondeo, es que la historia se me ocurrió exactamente así, cuando me iba a lavar el pelo un día que no quedaba champú. ^______________^

 

 

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