CROSSOVER POKÉMON – CAMPUS DETECTIVES
PARTE 1
EL PSYDUCK PERDIDO
Por Ayne Greensleeves y Nokoru Imonoyama
Aquel callejón era oscuro y estrecho.
Ciudad Azabache era un lugar grande y desconocido para Ayne. Anochecía, y aún no había conseguido dar con el centro Pokémon. La soledad del callejón le daba escalofríos, y lo más importante, su Jigglypuff estaba enfermo, así que apresuró el paso.
-¿A dónde vas, señorita?
-No está bien atravesar nuestro callejón sin presentarte primero.
Unos tipos con muy mala pinta le salieron al paso. El tipo de gente que no te gustaría encontrarte en un callejón oscuro.
-¿Se te ha comido la lengua el Persian?- preguntó el más alto de todos, empujándola despectivamente.
-¿Me dejáis pasar?- dijo ella tímidamente.
-¿Me dejais pasar?- repitió el gamberro con voz burlona-. Está bien. Te dejaremos pasar si nos entregas tus Pokémon y tus pokéballs.
La voz de Ayne sonó un poco más firme ahora.
-¡No!
-¿No? Si no me los das, los cogeremos por la fuerza. ¡Adelante, Pinsir!
El Pokémon que salió de la bola roja y blanca era bastante grande, y tenía un aspecto nada amistoso. Agitó sus pinzas en señal amenazadora.
-Entrégame tus Pokémon, o le diré que te ataque-. Insistió el atracador. Todo hacía pensar que Pinsir estaba dispuesto a obedecer. Ayne estaba atrapada. Quería demasiado a su Jigglypuff para sacarlo y hacerle luchar contra Pinsir, y mucho menos se lo pensaba entregar al ladrón. Estaba perdida.
En ese momento, una farola se encendió, y una voz firme y femenina resonó en el callejón:
-¿Buscáis problemas?
Del otro lado respondió la voz de un chico joven:
-Pues escuchad nuestro lema:
-Para proteger al mundo de la devastación.
-Para unir a todos los pueblos en una sola nación.
-Para denunciar a los enemigos de la verdad y el amor.
-Para extender nuestro poder más allá del espacio exterior.
-¡Jessie!
A la luz de la farola surgió una joven alta y delgada, de cabellos púrpura y vestida con un extraño uniforme blanco y negro.
-¡James!
Junto a la mujer, el chico más guapo que Ayne había visto en su vida se dejó ver, sujetando una rosa roja bajo sus ojos verdes. También vestía de blanco, luciendo una gran R roja sobre el pecho.
Espalda con espalda, la pareja terminó su presentación:
-¡El Team Rocket despega a la velocidad de la luz!
-Rendíos ahora o preparaos para luchar.
-¡Meowth! ¡Bien dicho!- Y con estas palabras, un simpático pokémon felino saltó de la oscuridad, situándose entre los dos jóvenes y completando el equipo.
Con actitud resuelta, Jessie, la joven pelirroja, se dirigió a los atracadores.
-Bueno, bueno, qué tenemos aquí. Unos aspirantes a ladrones de pokémon.
-El Team Rocket no permite que nadie le haga la competencia- añadió el chico de cabello azulado.
-¿Cómo que la competencia?- dijo el líder de los gamberros-. No me hagáis reír.
-¡El que ríe el último, ríe mejor!- declaró el Meowth parlanchín.
-Los pokémon de esta ciudad van a ser todos nuestros- dijo Jessie-. Aún estás a tiempo de retirarte.
-¡De eso nada! ¡Ataca, Pinsir!
-¡Adelante, Ekans!- llamó entonces la chica, sacando una graciosa serpiente de su pokéball.
-¡A por ellos, Koffing!- se unió James, cuyo pokémon llenó el callejón de gas venenoso.
Las dos bandas entablaron una batalla en la que Ayne no se atrevía a participar, y en la que finalmente salieron vencedores los recién llegados, haciendo huir a los entrenadores del debilitado Pinsir.
Ayne observó un momento al Team Rocket. Para su sorpresa, la reacción de éstos no fue la que se esperaba en unos malhechores. Jessie y James se miraron durante unos segundos. Miraron a sus pokémon. Y se volvieron a mirar...
-Jessie...
-James...
-¿Has visto eso?
-Claro que lo he visto.
-Es la primera vez que ganamos un combate pokémon en mucho tiempo...
-Y sin hacer trampas...
Y estallando en lágrimas de alegría, los dos compañeros se abrazaron, bailaron, y hasta abrazaron a sus pokémon.
-¡Meowth!- exclamó el gato cuando le tocó el turno-. ¡¡Sí que deben estar contentos estos dos desesperados!!
-Bueno, ahora regresemos al cuartel- sonrió Jessie-. ¡Mañana tenemos mucho que hacer!
-¡Sí!- asintió James-. Tenemos muchos pokémon que robar.
-¡Meowth! ¡Si seguís así, no tardaremos en capturar a Pikachu!
Tan felices estaban, que apenas repararon en la presencia de Ayne ni en los posibles pokémon que ésta pudiera llevar. Ella les vio alejarse con una sonrisa.
***********
El centro Pokémon no estaba tan lejos como parecía. Una simpática enfermera atendió perfectamente a su Jigglypuff, para gran alivio de Ayne. El redondo pokémon rosa pronto recuperó su alegría, y entabló amistad con un simpático Pikachu cuyos dueños también se hospedaban allí.
-¡Aaaay! ¡Un Jigglypuff! ¡Qué mooono!- exclamó una niña pelirroja de unos 10 años.
-Parece que mi Pikachu se ha hecho amigo suyo- intervino un niño de cara inocente que llevaba una gorra de la liga Pokémon.
-¡Eso, eso, que se hagan amigos!- aplaudió un niño moreno, algo mayor y de graciosos ojos achinados; y dirigiéndose a Ayne añadió: -Yo me llamo Brock, encantado, señorita, ¿estudias o entrenas Pokémon?
-Me llamo Ayne y vengo de Pueblo Pardo- se presentó la muchacha de las trenzas rubias-. En realidad sólo viajo con mi Jigglypuff.
-¡¡Jiggly!!- asintió el pokémon.
-Yo soy Misty, de Ciudad Celeste. Experta en Pokémon de agua- dijo la niña pelirroja.
-Pues yo soy Ash Ketchum- intervino el niño de la gorra-, y soy un gran maestro pokémon, y ya tengo cinco medallas, y...
-Ah- sonrió Ayne.
-Se te ve realmente impresionada- ironizó Ash, un poco decepcionado.
-No, no... si estoy muy impresionada, de verdad- repuso ella, sin mostrar el más mínimo asombro.
-Nadie lo diría. ¿No te alegra conocer al maestro pokémon más valiente, listo, guapo, modesto...?
-Bueno...- dijo Ayne, levantándose-. Todo eso está muy bien, pero los que de verdad me gustan, los que de verdad tienen clase, gracia, estilo, belleza...
-¿Brock y yo?- preguntó Misty.
-...son... ¡El Team Rocket!
¡PATAPLAF! Los tres niños acabaron en el suelo, Pikachu incluído.
-¿¿¿EL TEAM ROCKET???- repitieron incrédulos.
-¿Los conocéis?- preguntó la chica con un brillo de ilusión en los ojos-. Son una chica pelirroja y elegante, y un chico guapísimo de pelo azul, y por supuesto su adorable Meowth...
-No, no, si ya los conocemos- declararon los niños, recuperando la compostura.
-¿En serio? ¿Me los presentaréis?
-¿¿¿Cómo te puede gustar el Team Rocket???- chilló Misty, agarrando a Ayne de las trenzas-. ¡¡¡Son los malos!!!
-¡Son unos ladrones de Pokémon! ¡Quieren secuestrar a mi Pikachu!- corroboró Ash.
-Y además- añadió Brock-, son los tíos más torpes, cutres y gafes que he conocido en mi vida.
-Sigh... ¿a que son una monada?- suspiró Ayne, provocando que todos se volviesen a caer al suelo.
-Ya he oído suficiente- dijo Misty, levantándose-. Me voy a dormir.
-Hoy está de un humor de perros- comentó Brock.
-Siempre está de mal humor- dijo Ash.
-Sí, pero hoy... pobrecilla- explicó a Ayne-, es que ha perdido a su Psyduck.
-Por lo visto se debió salir del pokéball cuando acampábamos en el bosque, y no nos dimos cuenta hasta llegar a la ciudad- explicó Ash-. Hemos hablado con la agente Mara, pero nos ha dicho que hasta mañana no pueden hacer nada.
-Misty no quiere admitirlo, pero en realidad está muy preocupada por Psyduck, y le echa de menos.
-¿Tú crees?- preguntó Ash-. En realidad no parece nada preocupada.
-¡¡¡No puedo dormir!!!- chilló la niña enfadada, volviendo a aparecer por la puerta.
-Bueno, no os preocupéis- intervino Ayne-. Mi Jigglypuff nos cantará una nana, y ya veréis qué bien vamos a dormir todos. ¿A que sí, Jigglypuff?
-¡¡Jiggly!!- asintió el pokémon, encantado de tener tanto público. Y entre las dulces notas de la canción, todos cayeron en un profundo sueño.
************
-¿Psyyyyy?
Psyduck llevaba horas dando vueltas por el bosque. Aún no había deducido que se había perdido. Echó a andar sin rumbo fijo. Después de un largo camino, por fin salió del bosque en el que se había encontrado cuando salió de su pokéball para tomar un poco el aire. No había dicho nada a Misty, su entrenadora, y andando, andando, había acabado por internarse en la espesura.
Finalmente, divisó a lo lejos un enorme edificio con un cartel que ponía: "Escuela Primaria CLAMP", aunque en realidad no importaba mucho lo que pusiera, porque Psyduck no lo podía leer. Así que, ignorando el cartel, se dirigió hacia la puerta. Entró en el edificio y empezó a vagar por los pasillos como Pedro por su casa, hasta que finalmente se decidió por entrar en una puerta, atraído por el olor de unos bizcochos recién hechos.
Psyduck no lo sabía, pero aquella habitación era el despacho del consejo escolar, y en ella se encontraba uno de los miembros de dicho consejo, Akira, que estaba tecleando en su ordenador.
El niño tenía unos 10 años, tenía el pelo negro y los ojos grises, y llevaba el uniforme de la escuela CLAMP. Junto a él, cuidadosamente empaquetados descansaban los bizcochos que acababa de preparar en clase de cocina para sus madres.
Psyduck empezaba a tener hambre, así que se acercó confiadamente a la comida e intentó abrir el paquete. Con el ruido, Akira se dio cuenta de la presencia de Psyduck.
-¡Qué pato tan bonito!- exclamó el niño, sorprendido-. ¿Qué estás haciendo aquí?
-¿Psy?
El pokémon miró fijamente a Akira, con los ojos muy abiertos. Finalmente, decidió ignorarle y dedicar su atención a la caja de dulces.
-¡Pobrecito! ¿Te has perdido? Debes tener mucha hambre...
-¡Psyayay!- lloriqueó el pato, como confirmando sus palabras.
-¡Qué bonito eres! Toma, un bizcocho- sonrió el niño acariciando la cabeza de Psyduck. Éste lo devoró con avidez, y aprovechando que el paquete ya estaba abierto, se zampó todos los demás de un bocado. Akira lo contempló con una gotita de sudor en la frente.
-¡Vaya! Sí que tenías hambre... Eran para mis mamás, pero bueno, ya les haré más. ¿Cómo te llamas?
-Psyduck.
-¿Psyduck? ¡Qué bonito! Eres un pato muy gracioso. Debes haberte perdido- dijo el niño, abrazando a Psyduck-. No te preocupes, te ayudaré a encontrar a tus dueños.
-¡Qué pena que Kaichou y Takamura senpai se hayan ido de viaje! Tendré que resolver este caso yo solo.
***************
A la mañana siguiente, bien temprano, Ash, Misty, Brock y Ayne se dirigieron de nuevo a la comisaría de policía.
-¡Agente Mara, tiene que ayudarnos!- suplicó Misty-. ¡¡Hemos perdido a mi Psyduck!!
-Pero Misty, ¿no decías que te alegrabas de haberte librado de él?- preguntó Ash, tan ignorante como siempre.
-Y... ¡y me alegro!- mintió la niña-. Pero lo necesitaré si quiero volver a comer gratis en aquel restaurante tan bueno, ¿recuerdas?
-Bueno, bueno, no os preocupéis- dijo la simpática agente de policía-. Contadme otra vez todo lo que pasó. La policía ya ha empezado a buscar a vuestro Psyduck, pero por ahora no podemos hacer más.
-Nosotros también queremos ayudar a buscarlo- dijeron los niños.
-Niños, lo mejor que podéis hacer es poner carteles por la ciudad. Así, si alguien lo ha visto podrá devolverlo, o daros alguna pista sobre su paradero.
-Es buena idea- comentó Brock.
-¿Te has vuelto loco?- saltó Misty-. ¡No quiero que toda la ciudad se entere de que estoy buscando un Psyduck! ¡Me van a tomar por tonta!
-Lo que eres- murmuró Ash.
-Mujer, no hay nada de malo en buscar a tu pokémon perdido...
-Además, puede que sea la única manera de encontrarlo.
-De acuerdo- suspiró la niña-, pero que no sepan que es mío.
-No te preocupes- dijo Mara-. Pondremos que se dirijan a la comisaría, y ofreceremos una pequeña recompensa.
-¡Gracias, agente Mara!
*****
Al anochecer, Akira salió del colegio y llevó a Psyduck a su casa.
-Aquí es donde vivo- dijo el niño-. ¿Te gusta?
-¿Psy?
Psyduck echó a andar confiadamente por los pasillos, explorando la mansión con ojo profesional, (bueno, es un decir...), y tropezando con algunos muebles. Akira contempló la torpe forma de andar del pato y se echó a reír.
-¡Qué gracioso eres!
Después de recorrer todos los recovecos y entrar a todas las habitaciones de la casa, el pokémon decidió, finalmente, meterse en la cocina. Se dirigió a un armario y abrió las puertas de golpe, cayendo hacia atrás por el impulso. Con un "psy", se levantó, sacudió la cabeza y se dirigió a una despensa. Después de inspeccionarla, intentó encaramarse a una silla para alcanzar un armario más alto, aunque se quedó colgado, agitando las patas en el aire.
-¡Psyayayayayay!
-¿Todavía tienes hambre?- preguntó Akira, cogiendo al pato y sentándolo sobre una mesa.
-Psyayay- Psyduck miró al niño fijamente, sujetándose la cabeza.
-Bueno, puedo prepararte algo de comer, si quieres- sonrió Akira-. A mí me gusta mucho cocinar, se me da muy bien. Siempre le hago la comida a mis mamás, y a mis dos mejores amigos, se llaman Nokoru y Suoh. Me encantaría que pudieras conocerlos, pero se han ido de viaje a Ojós, y mis mamás tampoco están, pero...
La voz de Psyduck le interrumpió.
-¡Psyayayayayay!
Con las manos sobre la cabeza, el pokémon saltó de la mesa y empezó a correr dando vueltas por toda la cocina, sin dejar de quejarse.
-¿Qué te pasa?- preguntó Akira, preocupado-. ¿Te duele la cabeza?
-¡Psy!- Psyduck emitió un quejido lastimero. Demasiada información, las palabras de Akira le habían producido jaqueca.
-Espera, tengo algo que puede ayudarte.
El niño se dirigió al botiquín y ofreció una aspirina a Psyduck. El pato cogió la pastilla, la contempló durante un momento, con la mirada perdida, ladeó la cabeza y se la zampó de un bocado.
-Psy- dijo alegremente, extendiendo la mano hacia el niño.
-¿Quieres más?- dijo Akira-. Bueno, no sé si esto será bueno para tí.
-¡Psyayay!
-Está bien, toma otra.
Psyduck la devoró en un segundo, pero todavía quería más. Entonces a Akira se le ocurrió una idea.
-¡Ya sé!- exclamó-. Voy a preparar una receta nueva para tí.
Se puso un delantal de ositos, y se dirigió a los fogones. Un rato después, ofrecía a Psyduck una deliciosa tortilla de aspirinas en un elegante plato.
-Espero que te guste.
Psyduck se tragó la tortilla de un solo bocado. Satisfecho, abrazó a Akira. Después le entró sueño y se echó a dormir.
Con una sonrisa, Akira tomó al pokémon en brazos y lo llevó a su cama. Se acostó junto a él y apagó la luz.
-Buenas noches, Psyduck.
-Psy...zzz...zz...
*****
Ya era casi mediodía, y Ciudad Azabache estaba sembrada de carteles. Habían utilizado una de las fotos de Psyduck que había dejado Todd, y se habían lanzado por su cuenta a la búsqueda del pato. Mientras, en las calles de la ciudad...
-¡Aaaay! ¡Jessie, qué hambre tengo!
-Cállate, James, y no seas quejica.
-Pero es que llevamos mucho tiempo sin comer...
-Eso es cierto- suspiró Jessie-. Pero ya no nos queda dinero para un perrito caliente.
-¡Meowth! Recordad que el jefe os ha suspendido el sueldo para resarcirse por aquel avión que le rompimos.
-¡¡¡Que fue Pikachu!!!
-¡Meowth!- maulló el pokémon-. La cuestión es que no cobraremos hasta que le mandemos algún pokémon interesante.
-¡Ay!- se quejó James de nuevo-. Qué vida tan tentacruel...
-Eh... mirad eso- dijo Jessie, parando bruscamente, (y provocando que James y Meowth se chocaran contra ella)
-¿El qué?
-Esos carteles... ¡se ha perdido un Psyduck! ¡¡JA JA JA JA JA JA JA JA!!- estalló en carcajadas-. ¡Qué bueno! ¿Quién puede ser tan tonto para perder un Psyduck y quererlo recuperar?
-¡Ja ja ja!- rió James-. ¡Menuda cara de pato mareado tiene!
-¡Qué tontería! ¡Ofrecer una recompensa por un pokémon tan inútil! ¡Ja ja ja ja ja!- Mientras Jessie y James se partían de risa, Meowth se acercó a examinar el cartel.
-¡Meowth! ¿Habéis dicho recompensa?
Las carcajadas se detuvieron.
-¿Quién ha dicho recompensa?
-Yo no, Jessie, has sido tú.
-¡Calla!- cortó ella, atizando a James con un abanico de papel-. ¡¡Es verdad!! ¡Aquí lo pone!
-¿Qué pone?- preguntaron James y Meowth.
-¡Ofrecen una pequeña recompensa a quien encuentre a Psyduck! ¡Sí que tienen que estar desesperados!
-¡Pues es verdad!- exclamó James, leyendo a su vez el cartel-. No es gran cosa, pero al menos nos servirá para pegarnos una gran comilona.
-¡Meowth! ¡Ya está decidido! ¡El Team Rocket será quien encuentre a Psyduck!
-¡Y quien se quede con la recompensa!- añadió Jessie.
-¡Bien dicho!- aplaudió James, animado con la idea de poder comer algo.
-¡Adelante!
Y con estas palabras, el Team Rocket puso en marcha su plan.
********************
Ese día Akira preparó una comida especial para Psyduck: sopa de aspirinas de primero, tortilla de aspirinas de segundo, y de postre, flan de aspirinas.
Después de comer hasta hartarse, el niño decidió salir a buscar a los dueños del Psyduck perdido. Como no había podido encontrar ninguna pista en el CLAMP Campus, Akira decidió cruzar el bosque para investigar en la cercana localidad de Ciudad Azabache. Psyduck le seguía confiado.
-¡Qué gracioso eres!- sonrió el niño.
-Psyayay.
-No te preocupes, seguro que muy pronto encontraremos a tus dueños, y si no los encontramos, puedes quedarte conmigo.
-Psy...- suspiró el pato, acordándose de Misty de repente.
-¿Te ha gustado la comida que te he hecho? Yo te haré todas las tortillas de aspirinas que quieras.
Psyduck se agarró a las piernas de Akira, emocionado, y demostrándole su cariño.
En ese momento apareció una pareja de desconocidos. Llevaban ropas humildes de campesinos. La mujer trataba de ocultar su espléndido tupé púrpura bajo un pañuelo de flores, y llevaba una enorme cesta en la que dormía un Meowth con sombrero de paja. El hombre, joven y de cabello azulado, llevaba un gran rastrillo de granjero y un bigote torcido.
-Buenos días, pequeño- saludó.
-Qué Psyduck tan bonito tienes- sonrió la mujer, que iba demasiado maquillada para ser una campesina.
-¿A que sí?- dijo Akira, acariciando la cabeza al pato-. Es muy simpático, ¡y muy listo!
Los granjeros se miraron de reojo con una imperceptible mueca.
-Sí, ya se nota- respondió ella, recobrando la compostura-, tiene toda la cara de ser un pokémon muy listo.
-¿Psyyy?- intervino el pato, con cara de no estar enterándose de nada.
-¡Qué graciosos es mi Psyduck!- rió el niño, abrazándolo, para luego añadir:- Bueno, en realidad no es mío. Lo encontré ayer, creo que se había perdido en el bosque.
-¿Lo encontraste?- preguntaron los granjeros, que de repente parecían muy interesados.
-Sí, supongo que debe ser de alguien, pero es tan cariñoso que he decidido que se quede conmigo hasta que aparezca su dueño.
La pareja intercambió una larga mirada. Después, se cogieron las manos, con lágrimas en los ojos.
-¡Oh! ¡Querido esposo!
-Sí, cariño... ¡es él!
-¡Al fin le hemos encontrado! ¡Después de tanto tiempo!
-¡Nuestras plegarias han sido escuchadas!- y los campesinos se abrazaron en un mar de lágrimas.
-¿Qué les pasa? ¿Señora?- preguntó Akira, preocupado?-. ¿Quiere un pañuelo?
-¿Psy?
-No, gracias, pequeño, no hace falta- contestó la mujer de pelo púrpura, recobrando la sonrisa-. Y muchas gracias por haber cuidado tan bien de nuestro Psyduck.
-¿Qué? ¿Es vuestro?
-Pues sí- dijo el hombre, sacando falsas lágrimas de sus ojos verdes-. Éste es nuestro Psyduck, lo reconocería en cualquier parte.
-Desde que se escapó de nuestra granja pokémon, no hemos podido dormir pensando dónde podía estar...- suspiró la señora-. ¡Pero gracias a tí lo hemos encontrado!- y sacando al gato dormido, cogieron al Psyduck y lo metieron en la cesta.
-¿Psyayayayayay?- preguntó el pato, desconcertado.
-Vaya, Psyduck...- sonrió Akira-, me alegra que al fin hayas encontrado a tus dueños. ¿No estás contento?
-¿Psy?- contestó el pokémon, mirando al niño con los ojos muy abiertos.
-Te echaré de menos...
-Bueno, niñito- cortó la mujer, tapando al pato con una manta de cuadros-, nosotros nos vamos a cobrar nuestra recompensa... quiero decir, a cuidar nuestra hacienda.
-¡Un momento!- gritó una voz.
-¿Eh?
-¡Sois unos estafadores! ¡Ese Psyduck es mío!
Con estas palabras, Misty se presentó en escena, seguida de un pequeño ejército de pokémon de agua.
-¿Cómo?- preguntó Akira, sorprendido-. ¿No es de estos señores?
-Lo has descubierto, pequeño- intervino la granjera, con una sonrisa-. Además, no somos granjeros, ni nos ponemos esta ropa tan hortera todos los días.
-Cierto- corroboró el hombre, despojándose de su bigote postizo para descubrir una cara graciosa y juvenil-. Ni somos granjeros, ni estamos casados, (por suerte)...
-¿Queréis saber quiénes somos?
-¡Fuera disfraces!
Sayas, delantales y pañuelos flotaron al viento, dejando ver en su lugar inmaculados uniformes blancos con una llamativa R roja.
-Para proteger al mundo de la devastación.
-Para unir a todos los pueblos en una sola nación.
-Para denunciar a los enemigos de la verdad y el amor.
-Para extender nuestro poder más allá del espacio exterior.
-¡Jessie!
-¡James!
-El Team Rocket despega a la velocidad de la luz.
-Rendíos ahora o preparaos para luchar.
-¡Meowth! ¡Bien dicho!- intervino el gato de la cesta.
-Lo sabía- dijo Misty, con expresión aburrida-. Es el Team Rocket otra vez.
-¿Y eso qué es?- preguntó Akira.
-Son los ladrones de pokémon más cutres y torpes de la historia.
-Grrr, ¡niña, cuidadito con lo que dices!- amenazó Jessie.
-¡El Team Rocket es un equipo malvado y aterrador!- añadió James.
-¡Y deberías estar muy asustado ante nuestra presencia!- apuntó Meowth.
-¿Sois malos?- dijo Akira.
-¡Sí, mucho!- afirmó Jessie.
-¿Y debería estar asustado?
-¡Pues claro!
-¿Y gritar?
Los miembros del equipo se miraron.
-Pues...
-No lo había pensado.
-Sí, supongo que sí.
-Tienes que demostrar el miedo que te damos.
-Bueno, pues...- dijo el niño-, allá va.
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ¡¡¡¡¡El Team Rocket!!!!!
(Nota de la autora: dedicado a la enfermera Joy del Expocomic 2000 y a su famoso grito, que fue la guinda del concurso de disfraces ^_^)
Jessie, James y Meowth se quedaron parados un momento. Cuando se recobraron del susto advirtieron que los tres se habían alejado unos pasos, abrazándose unos a otros tras un árbol.
-No... no hacía falta que gritaras tanto...
-Ayyy... menudo susto...
-¡Meowth! ¡Parecéis tontos! ¡Al final ha sido él quien os ha asustado a vosotros!
-¡Y yo os voy a asustar más todavía!- amenazó Misty-. ¡Ya me estáis devolviendo a mi Psyduck!
-¡De eso nada!- replicó el Team Rocket-. ¡Necesitamos la recompensa!
-¡Idiotas!- gritó la niña, impaciente- ¡Yo soy la que ha puesto los carteles!
En ese momento se oyeron unos pasos que se acercaban por el bosque. Tras un arbusto asomaron unas orejitas amarillas, cuyo dueño, un Pikachu, hizo acto de presencia, seguido por un niño de cara inocente, (su entrenador), otro moreno de ojos achinados, y una chica rubia con trenzas.
-¿Pika?
-¡Oh, no!- exclamó Brock-. ¡Es el Team Rocket!
-¡Aaaaaahhhh!- el grito resonó entre los árboles. Todos se volvieron hacia la responsable, Ayne-. ¿El Team Rocket? ¿Dónde?
-Allí- señaló Ash.
La emoción se podía leer en la cara de Ayne cuando se acercó al grupo.
-¡Ah! ¡Qué suerte tengo! ¡No he podido dejar de pensar en vosotros ni un momento!
-Esta chica no está bien de la cabeza- murmuró Ash.
-¡Qué elegancia! ¡Qué estilo! Son tan, tan, tan... tan adorables, tan elegantes, tan guapos...- suspiró Ayne.
-Vaya, vaya- comentó Jessie con una sonrisa- Aquí tenemos a otra de nuestras fans.
-Pobrecita- añadió James-, comprendo que se haya enamorado de mí, soy tan irresistible...
-...tan graciosos...- continuó Ayne, pensando en voz alta.
-¡Meowth! ¡Sin olvidar lo listos que somos!
-...tan torpes, tan gafes...- enumeró ella.
-¿Eeeeeh?- exclamaron los tres villanos, cayendo al suelo de espaldas.
-James... ¡nos ha apañado en un momento!
-Jessie... y lo peor de todo es que nos ha descrito perfectamente...
Los niños obsevaban atónitos la escena.
-Hay que ver la gente desesperada que hay por la vida- resopló Misty.
-¡Mira quién habla!- saltó Jessie-. ¡La desesperada que quiere recuperar un Psyduck!
-¡Por mí os lo podéis quedar!- gritó la niña, sacando la lengua.
-¿Psyyy?- intervino el pato, que estaba dando vueltas por ahí-. Psyayayay...
-Bueno, bueno, no te pongas así...- suspiró Misty cuando su pokémon se abrazó a su pierna
derecha-. Es que no se te puede dejar solo...
-Entonces, si este pokémon es tuyo- dijo Akira-, supongo que te lo tendrás que llevar. Lástima... voy a echarte de menos, Psyduck.
-Si quieres te lo regalo- sonrió Misty, esperanzada. Pero no había manera de desenganchar a Psyduck de su pierna.
-Me parece que te prefiere a tí.
-Psyayay- suspiró el pato.
-Bueno, ¿y qué pasa con nuestra recompensa?- insistió Jessie, poniéndose en pie.
-¿Qué recompensa?- se enfadó Misty-. ¡Ha sido este niño quien lo ha encontrado!
-Me llamo Akira- se presentó él.
-Yo soy Misty, y estos son Ash y Brock. La loca de las trenzas es Ayne.
El Team Rocket se retiró a un lado.
-Jessie... me parece que esta vez tampoco cobraremos.
-James... por lo menos lo hemos intentado. ¡Tenemos que ser fuertes!
-Pero yo estoy muerto de hambre... ya no me quedan fuerzas...
-¡Resiste!- insistió la joven, abofeteando a su compañero-. ¡Tenemos que capturar un pokémon, (preferiblemente Pikachu), lo antes posible para que podamos cobrar! ¡Así que andando! ¡Vamos, Meowth!
-Eh... ¿dónde está Meowth?
Se giraron un momento buscando al pokémon. Finalmente lo descubrieron sentado en el regazo de Ayne, que le estaba acariciando.
-¡Qué ricura de Meowth!- sonrió la chica-. ¡Qué pelaje tan suave!
-¡Meowth! ¡Tú sí que sabes apreciar la belleza...! ¿Nunca has pensado en apuntarte al Team Rocket?
-¿Lo dices en serio?
-Es que esos dos me toman por el pito del sereno...- suspiró el gato.
-¡Arriba, Meowth!- gritó Jessie, atizando al felino con su abanico de papel-. Deja de perder el tiempo y vamos a trabajar.
En ese momento se oyó una sirena, y el jeep de la policía, conducido por la agente Mara, hizo su aparición.
-¿Qué tal os ha ido, niños?
-¡Agente Mara! ¡Ya hemos encontrado a mi Psyduck!- exclamó Misty-. Este niño, Akira, lo encontró y lo cuidó por mí.
-¡Cómo me alegro! Pues subid al coche y os llevaré a por vuestra recompensa. ¡Una comida para todos en el mejor restaurante de Ciudad Azabache!
-¡¡¡Bieeeeeeen!!!- corearon los niños.
-Perdone, señorita- dijo Akira, tímidamente.
-¿Sí?
-¿No podemos invitar también a esos señores tan simpáticos?
-¿Eh? ¿A quiénes?
-A esos del Team Rocket. ¡Son muy graciosos!- sonrió el niño.
-¿Estás loco?- gritó Misty-. ¿Cómo vamos a invitar al Team Rocket a comer con nosotros? ¡Son malos!
-Pero si son muy amables... ¿verdad?
-¡Sí, sí!- asintieron Jessie y James-. Prometemos ser buenos si nos invitáis a comer...
Y así, toda la pandilla se reunió en el restaurante, donde fueron atendidos por una legión de cocineros. Niños, no tan niños, y pokémon compartían mesa amigablemente.
-¡Jiggly! ¡Jiggly!- comentó el pokémon de Ayne, contento.
-Mi Jigglypuff es muy comilón- declaró la chica-. Aunque si quiero ser del Team Rocket voy a tener que acostumbrarlo a pasar hambre.
-¡No hace falta!- dijo James-. En cuanto capturemos a Pikachu, nuestra suerte cambiará.
-¡Y seremos ricos!- añadió Jessie.
-¡Pika! ¡Pikaaa!- regañó Pikachu, enfadado.
-¡Meowth! No te preocupes, hoy estamos de tregua y no te vamos a secuestrar.
-Chuuu.
Psyduck se encontraba sentado en el sitio de honor, entre Misty y Akira, atacado de jaqueca, como siempre. Ante él había una enorme tortilla de aspirinas, su plato favorito, que devoraba con avidez.
-¡Psyduck!- riñó Misty-. ¿Puedes hacerme el favor de no ser tan guarro en la mesa? ¡Mira cómo la estás poniendo!
-¿Psy?
-Pobrecito, no le riñas- dijo Akira-. Si es que tiene hambre.
-¡No lo soporto!- se quejó la niña.
-¡Pero si es muy mono! ¿A que eres un encanto, Psyduck?
-Psyayay- contestó el pato ladeando la cabeza.
-¡Qué cara de pato mareado! ¿Seguro que no te lo quieres quedar?- refunfuñó Misty.
-¿En serio me lo darías? Aunque yo creo que él te prefiere a tí.
-A ver, se lo preguntaremos. Psyduck, ¿con quién quieres irte? ¿con Akira o conmigo?
-¿Psy?
El pokémon miró largamente a uno y a otro, con sus ojitos abiertos de par en par.
-¿Qué le pasa?- preguntó Akira.
-Creo que todavía está procesando la pregunta- suspiró Misty.
Después de un largo rato, Psyduck se llevó las manos a la cabeza, y con la mirada perdida, se quejó:
-Psyayayay...
-¡Psyduck!- exclamó Akira- ¿Qué te pasa? ¿Te duele la cabeza otra vez?
-Creo que la pregunta era demasiado complicada para una mente tan corta- refunfuñó la niña pelirroja.
Pero Psyduck había entendido la pregunta. La contestó aferrándose a los pantalones de ambos niños y abrazándose a sus piernas en señal de afecto.
-¡Psyduuuck! ¿Quieres dejarme en paz?- gritó Misty.
-¡Qué cariñoso es!- sonrió Akira-. Creo que nos quiere a los dos.
-¡Pues tendrá que elegir!- declaró ella.
-¡Misty!- intervino Ash-. No sabía yo que estabas tan celosa por Psyduck.
-¿¿¿CÓMO VOY A ESTAR CELOSA DE UN PATO MAREADO COMO ÉSTE???- gritó la niña-. ¡Por mí se lo puede quedar!
-Psyyy...- suspiró el pato, abrazando a su dueña y dándole un sonoro beso.
-¡Aaaaagh! ¡No hagas eso, Psyduck!
-¿Ves? Te quiere mucho- dijo Akira.
-Misty, ¡hay que ver cómo ligas!- se burló Ash, recibiendo por respuesta un puñetazo que le dejó un ojo morado-. No te pongas así, sólo era una broma...
-Bueno, Psyduck- habló Akira-. Supongo que quieres quedarte con Misty.
-¡Psyyy!- replicó el pokémon, abrazándose al niño para darle otro beso.
-¡Ja, ja! ¡Qué gracioso eres! Sí, sí, yo también te quiero...
-Sois tal para cual- comentó Misty.
-Pues ahora tenemos un problema- intervino Brock-. ¿Quién se queda con Psyduck? Él quiere estar con los dos, pero eso no puede ser...
-Pues yo tengo una idea- dijo Ash.
-¿Psy?- preguntó Psyduck, esperanzado.
-Akira, ¿por qué no te unes a nosotros? Somos entrenadores pokémon que viajamos en busca de nuevos pokémon y de medallas para entrar en la liga. Si te vienes con nosotros, Psyduck podrá estar con los dos.
-¡Eso es buena idea!- aplaudió Misty-. Así, tú podrás ocuparte de Psyduck cuando se ponga muy pesado.
-Y viajando se aprende mucho sobre los pokémon, y se conoce a chicas de lo más guapas- añadió Brock.
-Pues...- contestó Akira, dubitativo-. No sé... Psyduck, ¿a tí qué te parece?
-¡Psyyy!- contestó éste, abrazando al niño.
-Bueno, en ese caso... ¡De acuerdo! ¡Me uniré a vosotros!
-¡Bieeen!- aplaudieron todos.
Y así, Akira se unió al viaje de nuestros amigos, que le llevaría a un sinfín de aventuras hacia la liga pokémon.
CONTINUARÁ
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